Razones por las que el proceso de facilitación resulta efectivo.
Son muchas las razones que se podrían enunciar a la hora de dar crédito a la efectividad del proceso de facilitación, yo hoy me detendré en tres que, a mi juicio, vienen a ser la base fundacional de la alianza de trabajo entre cliente y facilitador.
Razón uno:
Es un proceso que se establece entre dos iguales. De un lado el cliente con expectativas, miedos, inseguridades, aspiraciones, metas, deseos. Del otro, el facilitador que NO, como en la relación médico-paciente o en la relación de consejero-cliente, ha de mostrarse experto, sabio, confiado y en control de la situación en todo momento.
Un facilitador competente y congruente no ha de temer desconocer tal o cual respuesta, eso es impensable para un médico delante de su paciente por ejemplo. El facilitador aunque preparado, armado con los estudios y la práctica de su profesión mantiene su condición de humano imperfecto frente al cliente, otro humano imperfecto.
Ambos en su maravillosa imperfección están llamados a actuar en pro de la alianza establecida al inicio de la relación y que se cosechen los frutos esperados. Ambos actores se benefician. El cliente consigue sus objetivos, el facilitador crece en experiencia.
Razón dos:
El cliente es dueño de sus metas y también de decidir si escoge el camino más corto y fácil o el camino más largo y plagado de obstáculos para alcanzar sus metas. Hay clientes osados, atrevidos que prefieren el desafío a la comodidad, es cuando se manifiestan en todo su potencial. Es el cliente quien desarrolla todo el trabajo, la caminata, la carrera de resistencia o de velocidad. Es por tanto digno de todo el reconocimiento al avanzar, o de asumir la responsabilidad ante un estancamiento.
En consejería no es bien visto premiar (estimular) al cliente, se interpreta como la valoración positiva de un superior a un subordinado, o como una actitud paternalista por parte del consejero.
Tampoco es bien visto llamar responsable del estancamiento al cliente, lo estaríamos juzgando.
Razón tres:
El proceso de facilitación se basa en el aquí y el ahora con miras al futuro. Queda para otros profesionales como los psicoanalistas, los psicoterapistas, los consejeros el análisis retrospectivo de vivencias, traumas y demás lastres que pudieran estar impidiendo el desarrollo del cliente, que pudieran estar perpetuando sus miedos e inseguridades.
En la alianza facilitador-cliente son los planes futuros y el derribo de obstáculos a través de estrategias de empoderamiento y transformación los elementos que dominan el proceso. Un cliente de facilitación es un cliente que ha dejado atrás el pasado contra el cual no puede hacer nada pues está solo en su memoria y quizás en alguna foto o diario amarillento, es un cliente que sabe dónde está parado y aún más importante es un cliente que sabe en donde quiere pararse más adelante.
Conclusión:
La efectividad de la Facilitación descansa, entre otros muchos factores, en tres pilares:
La humanidad de los involucrados.
La dinámica del proceso sin jerarquía ni estatus entre dos semejantes.
El enfoque en el presente o en el porvenir.
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